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quinta-feira, 5 de julho de 2012

La Moral En La Doctrina Espirita

 Por Manuel S. Porteiro

La moral es muy importante en la vida de los hombres, Jesús, como Krishna y como otros espíritus luminosos que supieron ordenar al hombre sin imponerle claudicaciones, no fundaron ninguna religión positiva; enseñaron, sí, una moral sublime, idéntica para todos los hombres, sin sujeción a tiempos, lugares ni circunstancias, sin casuística ni acomodos, moral que lo mismo sirve para realizar el ideal de felicidad humana en este mundo, que para guiar al espíritu en la senda de su progreso indefinido. Esta moral es esencialmente idéntica a la que se desprende de la filosofía espiritista, pero esta última tiene el valor de su fundamento científico, de sustituir el parabolismo de aquélla con una forma racional de explicación y dar también al hombre su razón de ser moral.

El Espiritismo viene hoy a levantar la moral caída, a darle una base científica, a demostrar que lo que ayer fue intuición filosófica, es hoy verdad positiva; viene a  probar con hechos que los principios morales entran grados de desarrollo, que son propios del espíritu, no del organismo ni de la materia, que la moralidad se manifiesta en cada uno según el grado de evolución alcanzado; viene a demostrar que el hombre es un espíritu encarnado, sujeto a continua evolución, que ha vivido en anteriores existencias en estados biológicos interiores y que una vez abandonado su cuerpo material, continúa evolucionando progresivamente, subiendo de tramo en tramo la escala infinita de su progreso, en este o en otros mundos más en armonía con su desarrollo espiritual, que la mayor capacidad moral e intelectual depende del esfuerzo propio de cada ser, de la actividad que despliegue para alcanzarla, que la adquisición de esta capacidad, siempre creciente en su infinito desarrollo, consiste en el ejercicio de todas sus facultades y aptitudes, inspiradas en el bien y puestas al servicio de sus semejantes y, en lo posible, de los demás seres que le rodean; viene a establecer la fraternidad universal sobre las mismas leyes de la evolución, demostrando que la solidaridad no es una palabra vacía, por cuanto no puede existir progreso moral individual, sin progreso colectivo, ni éste sin aquél y que, por consiguiente, cuanto más bien hacemos a los demás, más bien nos hacemos a nosotros mismos; viene a dar al ser una sanción justa y ecuánime, natural y divina, que está en las leyes de su propia evolución, en el principio de causalidad, que nos enseña que toda causa produce un efecto proporcional, que toda acción tiene en sí misma las consecuencias de su bondad o de su maldad, sanción, a la cual no escapan las intenciones ni las circunstancias; viene, en fin, a reafirmar la creencia en un Ser supremo, principio inteligente, creador eterno, manantial de sabiduría, de amor, de justicia, de bondad y de belleza, de donde emanamos y adonde vivimos, sin percatarnos de nuestra pequeñez y al mismo tiempo de nuestra grandeza.

De este conocimiento que se desprende del Espiritismo científico, de las manifestaciones mismas de los seres que han vivido en la tierra y superviven a la muerte con la visión de sus existencias pasadas, de sus mensajes mismos, se desprende la moral espírita, moral sublime que, como hemos dicho, abraza todo lo que hay de bueno y de justo en las demás filosofías y religiones, verdadera ciencia deductiva que descansa en principios inalterables y universales.

La moral espírita enseña a practicar el bien sin interés de recompensas, premios ni castigos, a no ser bueno por temor ni por cálculo, sino porque el bien es la ley suprema de nuestra vida, aumenta nuestra riqueza espiritual, nos eleva y nos engrandece; a proceder con justicia en todos los actos de nuestra vida. Ante el dilema si hemos de ser buenos, justos y veraces, cuando la bondad, la justicia y la verdad nos perjudican, o si hemos de ser todo lo contrario cuando la maldad, la injusticia y la mentira nos benefician, la moral espírita se inclina decididamente por lo primero.

Nos enseña también a practicar la caridad con altruismo, con amor y con delicadeza, demostrándonos que lo que hacemos en bien de los demás es en nuestro bien propio, y que, al obrar así, no hacemos más que cumplir con un deber de solidaridad; a proteger al débil y amparar al desgraciado, cualquiera que sea su debilidad y su desgracia; a levantar al caído, a instruir al ignorante, a ver en cada delincuente un hermano, que hay que redimir con amor, y en cada delito, un enemigo que hay que combatir sin piedad; a no juzgar ni castigar, ni a dar derecho ni atribuciones a nadie para que juzgue ni castigue, considerando que todos somos pecadores y delincuentes en más o menos grado, que los pecados y delitos son propios de nuestra imperfección y de muestro atraso y que, para atenuarlos, hay que instruir, educar y suprimir en lo posible las causas que los producen; a obrar bien con entereza y con rectitud, sin temor a la crítica mundana; a gozar de todos los placeres de la vida, con honestidad y moderación, prefiriendo siempre los placeres  espirituales y, en fin, a trabajar y vivir del producto de nuestro propio trabajo, considerando éste no como un fin sino como un medio para el ejercicio y desarrollo de todas nuestras facultades espirituales y para domar nuestro espíritu de sus rudezas y sus bajas pasiones.

La moral espírita es evolucionista, en el sentido de que se irá imponiendo paulatinamente  a medida de la comprensión y del progreso moral de los individuos y los pueblos, pero en su esencia y en sus principios es absoluta, no admite términos medios, y en sus mandatos es radical e imperativa; no dice al hombre: haz el bien con arreglo a tal o cual circunstancia; sé justo con relación a tal o cual época o lugar; di la verdad, pero que ella no lastime a tales o cuales mentiras, a tales o cuales injusticias, a tales o cuales convencionalismos o intereses. Por el contrario, afirma categóricamente: sé bueno, sé justo, sé veraz, aunque el mundo y sus prejuicios se resientan por tu bondad, por tu justicia, por tu verdad.

La moral espírita es, pues, una moral de principios; no es una moral de circunstancias que, como la establecida por la ley civil y por las costumbres sociales, se adapta al medio y a la estructura económica y política de la sociedad; no es una moral que beneficia los intereses de unos en detrimento de los intereses de los demás; por el contrario, tiende a mancomunar los intereses particulares en un solo interés general, haciendo que todos los hombres sean solidarios en la producción y en el goce de la riqueza social, de acuerdo con sus fuerzas, sus aptitudes y con sus necesidades; no tiene clases, no admite prerrogativas ni categorías sociales su sanción, a todos los alcanza por igual según sean sus acciones, el grado de comprensión, el mérito o demérito de cada uno; y ante el Juez Supremo, que falla en la conciencia y en las leyes de la misma evolución, no caben títulos ni riquezas, ni castas, ni absurdos privilegios sociales.

Enseña la humildad (en el límite de la suavidad y de la modestia), sin humillación ni rebajamiento, aconseja la tolerancia, pero sin descender al consentimiento del mal, ni convivir con él. El juicio crítico que tiende a su mayor grado de perfeccionamiento del individuo y de la sociedad, es una facultad que debe emplearse contra el crimen y la injusticia; consentir éstos, convivir con ellos, no es una virtud, sino más bien una cobardía, que puede ocasionar mayores males que los que tolera.

La nueva moral que desprende del Espiritismo científico viene, pues, a transformar por completo la sociedad, y a su influencia se deberá la desaparición de muchos crímenes, de muchas injusticias, de muchas mentiras e inmoralidades que se tienen hoy por muy morales y muy sagradas; y, en cambio, se afianzarán muchas verdades, muchas virtudes, muchas aspiraciones justas que la moral hipócrita de nuestra sociedad desecha como cosas moralmente malas.

Esta doctrina redentora, lejos de ser rígida disciplina, impuesta arbitrariamente a la conciencia, es un código de amor, de paz, de esperanzas, de consuelos, de promesas y de infinitas satisfacciones espirituales. El que esto escribe, ha sentido en su alma el bálsamo consolador de esta doctrina en sus momentos de desvaríos, cuando las recrudescencias de la vida laceraban sin piedad su corazón. Al borde de más de un abismo ha encontrado en esta moral sublime el apoyo para no caer; y reconfortado su espíritu por la visión de un superior destino, volvió los ojos a la luz con la alegría de vivir, huyendo de las negruras abismales donde la amargura, el despecho o la pasión lo hacían zozobrar. Y este milagro, que se habrá producido en la conciencia de muchos espiritistas sólo puede hacerlo la convicción profunda que nos da el Espiritismo.

Extraído del libro Origen de las Ideas Morales – Manuel S. Porteiro
Livro originalmente publicado en 1998 pelo Movimiento de Cultura Espírita – CIMA, en Caracas, Venezuela.

quinta-feira, 12 de agosto de 2010

O que é o Espiritismo?

Por Progreso Espírita

O atual momento nos indica que devemos uma vez mais, explicar com toda a clareza de juízo e idéias a verdadeira definição do Espiritismo.

Desejamos, de uma vez por todas, que o Espiritismo seja compreendido em sua essencial verdade; análise que esperamos ver surgido à luz dos fatos e reconhecido na prática científica por efeitos que dela se depreendem.

É preciso despojar-se desse conceito errôneo formado na ignorância dos cépticos; é necessário terminar com esse desprestígio insano, ocasionado pelos que lucram e vivem de suas expensas; urge terminar com esse temor infundado e imposto por religiões retrógradas e absolutistas.

Definimos, declaramos e sustentamos, que o Espiritismo é uma ciência integral e progressiva, e estas conclusões derivam precisamente da verdade, traduzida pelo raciocínio puro e livre de prejuízos.

O Espiritismo é uma ciência, porque se assenta sobre fatos positivos, experimentais e de observação; tais são os fenômenos anímicos e espíritas, manifestações que originam o existir e dão o motivo de ser ao ideal espírita.

É uma ciência integral, porque o Espiritismo compreende todas as partes e exteriorizações da vida, e condensa em si todas as atuações inerentes ao espírito.

É ciência integral, pois considera todas as ciências em geral; trata da filosofia, da moral e do sociológico; estuda o espírito e todas as relações do homem com os demais seres viventes, do indivíduo com a sociedade, etc.

É também uma ciência progressiva, porque o Espiritismo não está traçado em sistemas e dogmatismos infalíveis, não se enquadra em verdades absolutas, nem se fundamenta em princípios inalteráveis, completamente opostos a novos conhecimentos ou retificações científicas; pois o ideal espírita permite que em seu conteúdo de experiências e conhecimentos se incorporem novas aquisições da mente e do sentimento, novos produtos do gênio e da atividade do homem em múltiplos aspectos da inteligência.

Em síntese, é ciência progressiva, porque marcha com o progresso, evolui de acordo com o desenvolvimento da ciência e das conquistas em geral.

O Espiritismo acha-se desprovido de todo sentimento, prática ou formulismo religioso, pois sua adoção nos leva somente ao obscurecimento da razão e ao submetimento incondicional do sentir, fomentando uma fé cega em favor de uma causa que escapa ao nosso raciocínio.

O ideal espírita é filosofia, é ciência, é amor e luz para todos os seres da terra, sem exceção de casta, classe, sexo ou cor.

O Espiritismo condena todas aquelas pessoas que, invocando seu nome, exploram os incautos que vêem nele a panacéia de todos os seus sofrimentos e necessidades. Todo indivíduo que lucre, que cobre dinheiro, expressando ser espírita, não deixa de ser mais que um vulgar enganador.

O Espiritismo em sua parte moral representa uma verdadeira ciência do homem, pois nos instrui para adequar nossa vida para um destino superior, emanado da lei de causalidade que determina a sanção de nossos atos. Além do que é uma doutrina perfeitamente humana; sem ser impositiva e unilateral, indica aos seres superar-se a si mesmos.

Em sua face sociológica estabelece sua finalidade como grande aspiração universal: Liberdade, Igualdade e Fraternidade.

Estudar sua filosofia, compreender sua ciência, praticar seus postulados, aqui está o convite que formula o Espiritismo.

Referência bibliográfica:

Aizpúrua, Jon. O pensamento vivo de Porteiro: homenagem ao fundador da sociologia espírita / Jon Aizpúrua; tradução Leite F. Cacacci. – São Paulo: C.E. “José Barroso”, 1999.

terça-feira, 11 de agosto de 2009

BIOGRAFIA - Manuel S. Porteiro, um Espírita Completo

Por Jon Aizpúrua

A história do movimento espírita está ainda por ser escrita de um modo integral e objetivo, e em correspondência com os critérios que modernamente definem a sistematização historiográfica.

As carências e deficiências se apresentam, em vários aspectos fundamentais: vazios na informação, extravio de documentos e pouco interesse em sua conservação e catalogação; escassa presença de profissionais de história no meio espírita. E, adicionalmente, algo que consideramos pernicioso, a contaminação da informação histórica por parte de adeptos exaltados, que adotam uma atitude maniqueísta quando escrevem sobre certos personagens do Espiritismo, seja cantando-lhes panegíricos e loas exageradas a seus preferidos, colocando-os em pedestais quase sobre-humanos ou, ao contrário, negando todo o mérito a quem poderiam representar opiniões diferentes das que eles adotam. Havendo perdido toda a objetividade, escrevem a história não como ela é, mas como gostariam de fosse. O próprio Kardec e outras figuras fundamentais do pensamento espírita têm sofrido numerosas distorções, que é necessário ir corrigindo.

Dizemos isso a propósito do personagem do qual nos ocupamos agora e que, com toda justiça, o jornal Abertura selecionou entre os 20 pensadores espíritas de maior relevância no seculo 20, nosso querido e admirado Manuel Porteiro. Que, não apenas batalhou a favor de uma visão livre pensadora, progressista e humanista da doutrina kardecista, como também enfrentou as desqualificações que lançaram a seu tempo os setores místicos e conservadores do Espiritismo na Argentina, seu país natal. Acusaram-no de “comunista”, “ateu”, "anti-religioso” e outros adjetivos. E, após sua desencarnação, a estratégia desses setores mudou de rumo e decidiram estender um manto de silêncio sobre seu nome, sobre sua vida e seu pensamento. Chegou-se a proibir “fraternalmente”, a leitura de seus livros.

Quando nos dispusemos a escrever um livro para recuperar sua memória histórica, conferir os dados básicos de sua trajetória vital, e dar a conhecer seu pensamento às novas gerações espíritas, tropeçamos com essa muralha de silêncio que se ergueu sobre sua vida e sua obra. Felizmente, pudemos fazê-lo e nossa obra O Pensamento Vivo de Porteiro se encontra em suas edições em espanhol e em português, à disposição dos leitores que não se atemorizam ante os anátemas e as proibições inquisitoriais de algumas federações.

Porteiro foi um espírita completo.

Humilde trabalhador manual, amoroso pai de família, autodidata que adquiriu com esforço e imensos sacrifícios uma extraordinária formação intelectual, até chegar a dominar amplos espaços no mundo da cultura, da sociologia, da filosofia e, naturalmente, da Doutrina Espírita.

Nasceu em Avellaneda , província de Buenos Aires, em 25 de março de 1881 e desencarnou, ali mesmo, em 18 de fevereiro de 1936. Em 1910 começou sua participações ativa no movimento espírita, vinculando-se desde esse momento à Confederação Espírita Argentina (CEA) na qual foi desempenhando diversos cargos, até chegar a ser seu presidente, no período de abril de 1934 a março de 1935. Dirigiu durante vários anos seu órgão oficial, a revista La Idea, na qual escreveu numerosos editoriais e artigos sobre os mais variados temas, sempre sob a ótica espírita.

Nesse época, sob a segura direção de Porteiro, a CEA e La Idea, constituiram a vanguarda progressista do Espiritismo na América e no mundo. A partir daí, Porteiro e seu grupo de abnegados trabalhadores espíritas, como Hugo Lino Nale, Bernabé Morera, Ageo Culzoni, Luis Postiglioni e os jovens Santiago Bossero e Humberto Mariotti escreviam com paixão, viajavam incessantemente por todo o país, dirigindo cursos de formação espírita e fomentavam as relações com o movimento espírita internacional.

O meridiano principal do mundo espírita progressista passava obrigatoriamente, naquela época, pela Argentina e Porteiro era seu referencial fundamental.

Eram essas as linhas básicas de seu pensamento e sobre elas girava todo o seu esforço: sustentar a visão integral do Espiritismo como filosofia científica com profundas conseqüências morais e sociais; rechaçar a definição do Espiritismo como religião ou como uma nova variante do cristianismo; colocar a necessidade do estudo da doutrina como base para criar a convicção espírita, começando com as obras de Kardec, como base pedagógica; subordinar a mediunidade ao enfoque espírita para fazê-la racional, útil e orientadora; estimular a investigação experimental no campo dos fenômenos mediúnicos e paranormais; enfrentar as superstições e sincretismos que se mimetizam ou disfarçam com os rótulos espíritas; relacionar o movimento espírita nacional e internacional com as lutas pela paz mundial, contra a discriminação de qualquer classe, com as campanhas alfabetizadoras e com todo o esforço que tenda à construção de uma sociedade mais justa, livre, igualitária e fraterna.

Esplêndidas diretrizes que, em si mesmas, representam autênticos programas para desenvolver um Espiritismo dinâmico, culto, livre, aberto, adogmático, racionalista, laico, universalista, fraterno, solidário e amoroso.

Para expô-las e defendê-las, viajou Porteiro, em companhia de Mariotti, para participar do V Congresso Espirita Internacional, realizado em Barcelona, Espanha, em outubro de 1934. Nesse cenário, onde conviviam e divergiam as correntes latina e saxônica do Espiritismo, brilhou o talento de Porteiro e a profundidade de sua formação doutrinária se fez sentir em diversas exposições e conferencias públicas, que inspiraram respeito e fizeram-no credor do um amplo reconhecimento, como um dos líderes espíritas de maior prestígio da época.

Um elemento principal de seu pensamento e que constitui uma de suas contribuições mais originais, é a aplicação do método dialético na interpretação espírita do homem, da vida e do Universo. Ninguém antes dele e ninguém melhor do que ele até agora, soube empregar o sistema dialético para sustentar a concepção espiritualista e ao mesmo tempo demonstrar que, apesar do que se aceita tradicionalmente, as doutrinas materialistas que se apresentam a si mesmas como as donas da dialética, são em sua essência, profundamente anti-dialéticas.

Nessa mesma direção e ratificação da originalidade de suas idéias, Porteiro mostrou-se um firme partidário de uma sociologia espírita, que se traduzisse numa proposta concreta, na qual o Espiritismo e o Socialismo se conjugavam para impulsionar a construção de uma sociedade de maior evolução material e espiritual. Por ora, pela brevidade que impõe este artigo, basta dizer que Porteiro, já em seu tempo, criticou fortemente as tendências autoritárias, burocráticas, estatizantes, materialistas do socialismo marxista e se manifestou por um socialismo democrático, humanista, respeitoso das liberdades públicas e individuais, baseado sobre valores ideológicos espiritualistas e concretamente, espírita, como haviam assumido ilustres personalidades do kardecismo como Léon Denis e Cosme Mariño.

Em seus três livros publicados Espiritismo Dialético, Conceito Espírita da Sociologia e Origem das Idéias Morais, assim como em centenas de artigos que estão espalhados pela imprensa espírita de seu tempo, se encontram magistralmente desenvolvidas todas suas idéias que foram, são e continuarão sendo, potentes focos de luz que orientam a todo aquele que, havendo conhecido os princípios cardeais do Espiritismo, deseje aprofundar-se em sua conseqüências morais e sociais e queira transitar, sem desvios, por seus autênticos caminhos.

Sem dúvida alguma Porteiro está na galeria dos grandes do Espiritismo e muitos nos honra haver contribuído em algo, a resgatar sua memória e a exaltar o imenso valor de sua contribuição à doutrina que tanto amou e ao movimento a que tanto serviu.

Jon Aizpurua é psicólogo, economista, professor da Universidade Central da Venezuela, foi presidente da Confederacão Espírita Panamericana e autor do livro “O Pensamento Vivo de Porteiro”.

Este artigo foi originalmente publicado no jornal de cultura espírita Abertura em maio de 2000.